Mi mejor recuerdo de un maestro.

De izquierda a derecha: Luis Avalos, Humberto Solás, Angel Febo, Yvonne y Estrella de León.

Por Yvonne López Arenal.

Cuando conocí a Humberto en La Habana, yo había finalizado la filmación de Cartas del parque, me llamó para hablarme de una historia que iba a filmar, eran unos cuentos, como Lucía, este se llamaba Claudia, lamentablemente por circunstancias de la vida ese proyecto nunca se realizó. Supe de Humberto de nuevo por mi prima Jacqueline que protagonizó la Sofía de El siglo de las luces. Al poco tiempo yo salí de Cuba y pasaron unos años para reencontrarnos con él, en la casa de Jorge Hernández un buen amigo que murió hace unos años en la ciudad de Los Angeles. La amistad con Humberto nos llevó a soñar juntos. En 1998 disfrutamos con él, el estreno de los veinte años de El Super de Iván Acosta, yo actuaba y producía la obra con mi amiga Karin. Compartimos fiestas, cenas con amigos, una inolvidable en la casa de Luis Avalos y familia. Compramos juntos una imagen de San Lázaro que aún conservo, en una botánica del Old Town de mi bella Pasadena. Muchas tardes Mayito y él se iban a la playa a tomar vino rosado y a soñar con nuevas promesas para el celuloide, fueron buenos momentos y otros que no tanto, cuando no encontrabamos el apoyo necesario para hacer nuestros sueños realidad. En el año 2002 Humberto fue invitado al Festival de Cine de San Diego, lo recogimos allá y se pasó unos días en Los Angeles con nosotros, yo trabajaba en LATC, un hermoso complejo teatral del Down Town de LA, ensayaba con Joel Nuñez mi ópera prima Gaviotas habaneras. Humberto nos acompañó a los ensayos y con mucha gentileza y presición se ocupó de darnos unas notas, así que de alguna manera, en la brevedad de un instante angelino, Humberto nos dirigió. Unas horas más tarde partió a New York a un evento de cine y tuvo la amabilidad de regresar con mi prima Jackie, para acompañarnos el día del estreno. Lo recuerdo emocionado y soñando de nuevo, él quería filmar y dirigir mi obra en los días que nos quedaban. Quiero pensar que donde quiera que esté, seguiremos soñando juntos y quizás un día, si uno de esos sueños se hace realidad, él aparecerá, muy alto, elegante, impecable de blanco.

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