
Paulina descansaba luego de un largo viaje en avión desde el Caribe. Desde la comoda butaca en la habitación del hotel donde se hospedaba muy cerca de la costa del Mediterráneo miraba la famosa serie de la televisión americana Dinastía doblada al francés. Mientras ella descubría una nueva forma de contar historias televisivas, cineastas, cinéfilos y turistas se encantaban con la luz de la bella ciudad de Cannes y con la temperatura del mes de Mayo que parecía dar la bienvenida a todos los visitantes.
Horas más tarde Paulina ya repuesta, caminaba por la ciudad, rodeada de tabernas y pequeñas boutiques, buscaba una tienda apropiada a su presupuesto y el lugar donde vendían unos relojes que le habían encargado, una imitación de carey al parecer algo típico de Cannes, también buscaba vestuario y alguna prenda que complementara su indumentaria para la gran noche que le esperaba. Después de mucho andar encontró una pequeña tiendita donde su amable dependiente una especie de "ada madrina", le encontró hasta al más mínimo detalle deseado. La ayudó con sus encargos, le entalló el vestido y le regalo un precioso pulso como cortesía de la casa.
Paulina salió feliz quería lucir como la mejor de las modelos de "Vogue", caminaba con prisa, se reía sola mientras recorría las antiguas y vacías calles, presentía que algo muy importante le ocurriría esa noche. Recordó entonces que debía darse prisa, unos amigos que la acompañaron en el viaje la esperaban en una "fonda" con mucho swin. Al llegar al lugar los vio sentados al lado de unos lugareños, hablando con la camarera, una hermosa muchacha que más bien lucía una estrella de cine.
Se sentó al lado de sus compañeros de viaje un matrimonio, él risueño y sincero, ella demasiado falsa para su gusto, llamaba la atención la diferencia de modales entre los dos, además de lo poco agraciado del rostro femenino en contraste con lo bien parecido del masculino. Paulina pensó en como irse lejos de la desagradable Señora X, pero tuvo que resistir un par de horas para poderla abandonar, bebieron vinos, entradas y un sin número de platos. Mientras las elecciones de Paulina eran lijeras ensaladas y unas sardinitas muy sabrosas, la Señora X bebía y comía sin parar y cada vez más se desataba en ella una suerte de malos modales que empeoraban su corriente apariencia, por suerte para Paulina entre tanta habladuría y algarabía creada, pudo escabullirse sin que la tomaran mucho en cuenta. Al salir notó que la ciudad había cambiado, por las calles caminaban mujeres y hombres muy elegantes todos parecían ser parte de una gran fiesta, casi sin darse cuenta llegó al hotel y entró al lobie, de repente antes de llegar al ascensor sintió un sonido seguido de unos gritos, al virarse observó que mucha gente corría de un lado a otro, ella poco acostumbrada a esas situaciones y estando muy nerviosa se acercó al centro del salón, para su sorpresa casi se tropieza con un hombre que yacía sobre el piso, estaba muerto, la policía la apartó, entre confundida y asustada se fue a su habitación.
Al entrar a su habitación se tiró en la cama y descansó por un corto tiempo, le tocaron a la puerta para dejarle unas flores que el director del festival le envíaba, las colocó en una mesa y después abrió sus paquetes, se quitó sus zapatos tirándolos a un lado, encendió la tele y allí estaba la Reina del país vecino, hablaban de unas zapatillas confeccionadas especialmente para la monarca, eran unas alpargatas realmente bellas, una Reina moderna pensó, le llamó la atención que esas cosas salieran en un programa de la televisión, un súbito corte a una noticia local señalaba a su hotel como la escena de un crímen, hablaban de un terrorista que por los eventos de la ciudad estaba tratando de llamar la atención de los turistas, se sintió como si estuviera en una película del llamado "Film Noir", pero se distrajo de nuevo, con lo bella y bien vestida que también lucía la mujer de las noticias. Ella quería ser como una de esas chicas de la revistas del avión o simplemente como todas las que aparecían por la ciudad del festival de cine más famoso del mundo.
La tina del baño era como la de las películas, la podía llenar y podía ponerle espuma, se fijó que entre la tina y el inodoro había un teléfono, pensó que lo único que le faltaba era un galán, el suyo claro y el champagña para completar el cuento de adas de una actriz del subdesarrollo que encontró el amor en Cannes.
Cuando salió para asistir a la gran fiesta de la apertura todavía era de día, era exactamente la luz de "la hora mágica", ¡Que hermosa ciudad! que olores tan soberbios los de esa bella y vieja europa. La noche transcurría a plenitud, al lugar acudían cineastas, pintores, actores. Ella, impresionada por todo aquello, apenas notaba a su obligada acompañante la Señora X que hablaba alto y sin parar, se reía como rockera trasnochada y del montón, a pesar de tanto aspaviento era una hormiga en un pajar, ni si quiera una aguja porque las agujas por insignificantes que sean brillan y esta era una mancha que a duras penas, alguien vería como a un ejemlar folkclórico aunque ella se creyera Julia Roberts, no paraba de repetirle a su ya obstinado marido, ¡mira hasta donde llegamos! y renglón seguido soltó su estentorea risa. Pero en este punto y sin disolvencia desapareció la Señora X que rabió en Cannes al ver la felicidad ajena y dicen los amigos que sólo regresó años después con olor a naftalina, rumeando y trastocando un ridículo rol que nadie le pidió interpretar.
Paulina lucía muy elegante se movía entre Yimou, Sofía Coppola, Martin Scorsese, Nick Nolte, Rosanna Arquette, Lord Byron y Mary Shelley, todo era muy Felinesco, los personajes se salían de las películas invitados o no al festival, con sólo desearlo podían disfrutar al menos de la gran fiesta, fue así como Paulina encontró a Lombardi al lado de sus chicos en La ciudad y los perros, Teresa, El poeta, El Jaguar y El Coronel junto a Paulette y Lionel Dobie de New York Stories del maestro Scorsse que conversaban con Pedro, Juan y María, personajes que nunca estuvieron en la gran pantalla de ese festival, pero que con sólo desearlo lograron llegar y conversar con ellos en una hermosa y decorada mesa, también allí dicen que se sentaron directores americanos, españoles, peruanos, de Francia, Africa y del medio oriente, toda una noche de Benetton.
A la medianoche todos decidieron ir a bailar a una discoteca en la costa. Un invitado inesperado y bohemio detuvo a Paulina se conocían, él apareció sorpresivamente y le dijo que era por ella, pero los hombres son hábiles con las mujeres y una jovencita siempre desea creer lo que más le guste de la historia, finalmente después de la sorpresa y los saludos todos partieron a la disco, baillaron, brillaron y se lucieron entre personajes reales y ficticios, invitados y colados "party crasher" les diría "Gloria" o Gena Rowlands "Como gustéis" porque tampoco faltó a la cita.
De vuelta al hotel, él la acompañó, sabía ser atractivo y sabía también lo que ella lo admiraba, se habían conocido en su país y aunque ella jamás le manifestó nada especial, él estaba enterado de esa simpatía por una colega que sirvió de "Celestina" en su momento y luego supo ocultarse muy bien.
La noche comenzó y "La gran fiesta" también fue la de ellos, ella que era tan joven y tan ilusa, tuvo una lección de vida "Life Lessons" como las que daba Lionel Dobie en New York Stories. Intenso, talentoso y necesitado de una musa tormentosa para no perderse en ideas vanas.
Él, su sorpresivo y bohemio caballero, pensó como "El Quijote", "Si los perros ladran Sancho es porque cabalgamos..." ¿Acaso importan los enemigos rumores?
Le confesó años después que eso lo aprendió a través del tiempo y le dijo además que recordara que una frase sabia bien utilizada desató el largo viaje de dos amantes y que con la canción de amor, más fabulosa que cualquier enamorado puede desear "A whiter shade of pale" se destruye a todas las arpías. Al final lo que perdura y nadie destruye es amor. Y entonces le citó una frase De La Rochefoucauld: "El verdadero amor es como los espíritus: todos hablan de ellos, pero pocos los han visto."
Horas más tarde Paulina ya repuesta, caminaba por la ciudad, rodeada de tabernas y pequeñas boutiques, buscaba una tienda apropiada a su presupuesto y el lugar donde vendían unos relojes que le habían encargado, una imitación de carey al parecer algo típico de Cannes, también buscaba vestuario y alguna prenda que complementara su indumentaria para la gran noche que le esperaba. Después de mucho andar encontró una pequeña tiendita donde su amable dependiente una especie de "ada madrina", le encontró hasta al más mínimo detalle deseado. La ayudó con sus encargos, le entalló el vestido y le regalo un precioso pulso como cortesía de la casa.
Paulina salió feliz quería lucir como la mejor de las modelos de "Vogue", caminaba con prisa, se reía sola mientras recorría las antiguas y vacías calles, presentía que algo muy importante le ocurriría esa noche. Recordó entonces que debía darse prisa, unos amigos que la acompañaron en el viaje la esperaban en una "fonda" con mucho swin. Al llegar al lugar los vio sentados al lado de unos lugareños, hablando con la camarera, una hermosa muchacha que más bien lucía una estrella de cine.
Se sentó al lado de sus compañeros de viaje un matrimonio, él risueño y sincero, ella demasiado falsa para su gusto, llamaba la atención la diferencia de modales entre los dos, además de lo poco agraciado del rostro femenino en contraste con lo bien parecido del masculino. Paulina pensó en como irse lejos de la desagradable Señora X, pero tuvo que resistir un par de horas para poderla abandonar, bebieron vinos, entradas y un sin número de platos. Mientras las elecciones de Paulina eran lijeras ensaladas y unas sardinitas muy sabrosas, la Señora X bebía y comía sin parar y cada vez más se desataba en ella una suerte de malos modales que empeoraban su corriente apariencia, por suerte para Paulina entre tanta habladuría y algarabía creada, pudo escabullirse sin que la tomaran mucho en cuenta. Al salir notó que la ciudad había cambiado, por las calles caminaban mujeres y hombres muy elegantes todos parecían ser parte de una gran fiesta, casi sin darse cuenta llegó al hotel y entró al lobie, de repente antes de llegar al ascensor sintió un sonido seguido de unos gritos, al virarse observó que mucha gente corría de un lado a otro, ella poco acostumbrada a esas situaciones y estando muy nerviosa se acercó al centro del salón, para su sorpresa casi se tropieza con un hombre que yacía sobre el piso, estaba muerto, la policía la apartó, entre confundida y asustada se fue a su habitación.
Al entrar a su habitación se tiró en la cama y descansó por un corto tiempo, le tocaron a la puerta para dejarle unas flores que el director del festival le envíaba, las colocó en una mesa y después abrió sus paquetes, se quitó sus zapatos tirándolos a un lado, encendió la tele y allí estaba la Reina del país vecino, hablaban de unas zapatillas confeccionadas especialmente para la monarca, eran unas alpargatas realmente bellas, una Reina moderna pensó, le llamó la atención que esas cosas salieran en un programa de la televisión, un súbito corte a una noticia local señalaba a su hotel como la escena de un crímen, hablaban de un terrorista que por los eventos de la ciudad estaba tratando de llamar la atención de los turistas, se sintió como si estuviera en una película del llamado "Film Noir", pero se distrajo de nuevo, con lo bella y bien vestida que también lucía la mujer de las noticias. Ella quería ser como una de esas chicas de la revistas del avión o simplemente como todas las que aparecían por la ciudad del festival de cine más famoso del mundo.
La tina del baño era como la de las películas, la podía llenar y podía ponerle espuma, se fijó que entre la tina y el inodoro había un teléfono, pensó que lo único que le faltaba era un galán, el suyo claro y el champagña para completar el cuento de adas de una actriz del subdesarrollo que encontró el amor en Cannes.
Cuando salió para asistir a la gran fiesta de la apertura todavía era de día, era exactamente la luz de "la hora mágica", ¡Que hermosa ciudad! que olores tan soberbios los de esa bella y vieja europa. La noche transcurría a plenitud, al lugar acudían cineastas, pintores, actores. Ella, impresionada por todo aquello, apenas notaba a su obligada acompañante la Señora X que hablaba alto y sin parar, se reía como rockera trasnochada y del montón, a pesar de tanto aspaviento era una hormiga en un pajar, ni si quiera una aguja porque las agujas por insignificantes que sean brillan y esta era una mancha que a duras penas, alguien vería como a un ejemlar folkclórico aunque ella se creyera Julia Roberts, no paraba de repetirle a su ya obstinado marido, ¡mira hasta donde llegamos! y renglón seguido soltó su estentorea risa. Pero en este punto y sin disolvencia desapareció la Señora X que rabió en Cannes al ver la felicidad ajena y dicen los amigos que sólo regresó años después con olor a naftalina, rumeando y trastocando un ridículo rol que nadie le pidió interpretar.
Paulina lucía muy elegante se movía entre Yimou, Sofía Coppola, Martin Scorsese, Nick Nolte, Rosanna Arquette, Lord Byron y Mary Shelley, todo era muy Felinesco, los personajes se salían de las películas invitados o no al festival, con sólo desearlo podían disfrutar al menos de la gran fiesta, fue así como Paulina encontró a Lombardi al lado de sus chicos en La ciudad y los perros, Teresa, El poeta, El Jaguar y El Coronel junto a Paulette y Lionel Dobie de New York Stories del maestro Scorsse que conversaban con Pedro, Juan y María, personajes que nunca estuvieron en la gran pantalla de ese festival, pero que con sólo desearlo lograron llegar y conversar con ellos en una hermosa y decorada mesa, también allí dicen que se sentaron directores americanos, españoles, peruanos, de Francia, Africa y del medio oriente, toda una noche de Benetton.
A la medianoche todos decidieron ir a bailar a una discoteca en la costa. Un invitado inesperado y bohemio detuvo a Paulina se conocían, él apareció sorpresivamente y le dijo que era por ella, pero los hombres son hábiles con las mujeres y una jovencita siempre desea creer lo que más le guste de la historia, finalmente después de la sorpresa y los saludos todos partieron a la disco, baillaron, brillaron y se lucieron entre personajes reales y ficticios, invitados y colados "party crasher" les diría "Gloria" o Gena Rowlands "Como gustéis" porque tampoco faltó a la cita.
De vuelta al hotel, él la acompañó, sabía ser atractivo y sabía también lo que ella lo admiraba, se habían conocido en su país y aunque ella jamás le manifestó nada especial, él estaba enterado de esa simpatía por una colega que sirvió de "Celestina" en su momento y luego supo ocultarse muy bien.
La noche comenzó y "La gran fiesta" también fue la de ellos, ella que era tan joven y tan ilusa, tuvo una lección de vida "Life Lessons" como las que daba Lionel Dobie en New York Stories. Intenso, talentoso y necesitado de una musa tormentosa para no perderse en ideas vanas.
Él, su sorpresivo y bohemio caballero, pensó como "El Quijote", "Si los perros ladran Sancho es porque cabalgamos..." ¿Acaso importan los enemigos rumores?
Le confesó años después que eso lo aprendió a través del tiempo y le dijo además que recordara que una frase sabia bien utilizada desató el largo viaje de dos amantes y que con la canción de amor, más fabulosa que cualquier enamorado puede desear "A whiter shade of pale" se destruye a todas las arpías. Al final lo que perdura y nadie destruye es amor. Y entonces le citó una frase De La Rochefoucauld: "El verdadero amor es como los espíritus: todos hablan de ellos, pero pocos los han visto."






