El sillón de Lidia.

Lidia y John venían en ese viejo, hermoso y enigmático carro, un covertible como el de Guido Contini el protagonista de Nine.
El carro avanza y los ojos de ella cambiaban de color con las luces de la ciudad, habían ido al cine a ver Run Lola Run después de terminar las clases de restauración de muebles en el college.
Run Lola Run era una película que como en Slidding Doors la vida se decide en un instante, un segundo de retraso o de adelanto marcará el destino de los protagonistas y les traerá un resultado diferente, una palabra, una elección también hacen de las suyas.
El carro avanza y los ojos de ella cambiaban de color con las luces de la ciudad, habían ido al cine a ver Run Lola Run después de terminar las clases de restauración de muebles en el college.
Run Lola Run era una película que como en Slidding Doors la vida se decide en un instante, un segundo de retraso o de adelanto marcará el destino de los protagonistas y les traerá un resultado diferente, una palabra, una elección también hacen de las suyas.
Por qué tenía ella que escoger el final de la historia de Lola, no podía el director poner en manos del destino un final más certero.
Un extraño sentimiento acechaba a Lidia aquella noche, él sin embargo parecía estar muy confíado, sin darse cuenta John se adentró en el "free way 10" a toda velocidad. Esa noche el film aceleró su viaje, quizás por el ímpetu dejado por la carrera de la protagonista o por su propio deseo de llegar a alguna parte. Sin poder entenderlo terminó en el parqueo de un restaurant japonés, decidieron entonces bajarse y entre Sake, Suchi y Mousse de japanesse lemon, pasaron un tiempo indefinido de miradas, risas, olores extraños roses que provocaban un acercamiento intenso. Cuando llegó la cuenta Lidia se sintió entre triste y aliviada, pagó se levantó nerviosa y camino junto a John hasta el parqueo, se montaron en el carro sin cruzar palabras, así estuvieron por un largo rato, él puso música comenzaron por hablar con mucha calma sobre la carrera de Lola y las preguntas de esa voz omnipresente en medio del film ¿Quiénes somos? ¿de dónde venimos?.
El frenesí de la película se había apoderado del alma de John y la incertumbre, de la de Lidia.
Fue breve el viaje y casi llegando al punto medio de la casa de ambos comenzaron hablar de otro film, el de un amigo, a pesar de todo la noche había sido amable y tentadora hasta ese momento, pero ella quería entender algo más, ¿qué le molestaba tanto a John? ¿por qué la agredía indirectamente al negar la obra del amigo en común? y fue entonces que se sucitó el momento más complicado del diálogo.
- No entiendo, ¿por qué no te gusta la película de Vando? sin embargo esta de hoy... ¿viste como se iba la gente?
Fue breve el viaje y casi llegando al punto medio de la casa de ambos comenzaron hablar de otro film, el de un amigo, a pesar de todo la noche había sido amable y tentadora hasta ese momento, pero ella quería entender algo más, ¿qué le molestaba tanto a John? ¿por qué la agredía indirectamente al negar la obra del amigo en común? y fue entonces que se sucitó el momento más complicado del diálogo.
- No entiendo, ¿por qué no te gusta la película de Vando? sin embargo esta de hoy... ¿viste como se iba la gente?
- Sí, se iban, si yo fuera director haría Rent que viene de La Boheme una gran ópera, pero la complicaba y la convertía en algo extraordinario, esa es mi categoría, por eso la de hoy solamente puede gustarle a gente selecta es una película diferente no arrastra el discurso de bobería que trae Vando con su "Sagrada familia".
- Es que no eres director de cine menos de ópera y Vando es director desde hace mucho, pero además es nuestro amigo, hay que apoyarlo... dejale eso a los críticos de cine, "esa es la cruz de otra parroquia".
- Como siempre, no te quieres comprometer, además, ¿qué sabes tú para opinar de cine? ... yo tengo opinión certera, pasé un curso sobre cine y tengo compromiso y te digo que su película es una mierda.
-¿Hacia dónde vamos?
John frena bruscamente, el carro chilla.
- ¿Qué?. A mi casa a recoger el sillón....
- No, es muy tarde y Leonardo ya debe estar en casa...
- Pero, pensé... ¿te interesa?...
La mira, ella se aleja y mira hacia el otro lado, breve pausa y se vuelve agresivo.
-No guardaré basura, lo recogí para empezar el negocio de restauración... ¿dime? debo decidir tengo muchas otras cosas que hacer... okay, lo tiro en la basura, no estoy para perder mi tiempo y no tengo espacio. Decide ahora.
La mira, ella se aleja y mira hacia el otro lado, breve pausa y se vuelve agresivo.
-No guardaré basura, lo recogí para empezar el negocio de restauración... ¿dime? debo decidir tengo muchas otras cosas que hacer... okay, lo tiro en la basura, no estoy para perder mi tiempo y no tengo espacio. Decide ahora.
Lidia lo mira inquieta, indecisa.
-No, no... pensándolo bien es muy arriesgado, rentar un almacen ... los seguros, mensualidades, yo estoy bien con lo tengo... no quiero más riesgos...
Un breve silencio que parece interminable transcurre, lo mira, se echa hacia adelante parece que va a acercarse a él, pero se detiene y en su lugar se pasa la mano por una pierna.
Sin mediar más palabras John echó andar el carro, el resto del viaje fue tenso y silencioso. Finalmente paró en la esquina de la casa de Lidia, él no la dejaría en la puerta de su casa como otras veces. Ella se bajó caminó como perdida, sentía que andaba por un inmenso tunel y ya lejos cuando los árboles de la entrada de su casa la cubrieron lo suficiente, miró hacía la lejana esquina, pero él se había marchado para siempre.