"El temple hace tu destino, nada más." Maya Plisetskaya

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Monday, September 13, 2010

Constanza la mujer de al lado.


Constanza prefería escuchar a Mozart, le encantaba el genio desbordado, estaba harta de ser para ellos esa especie de "Odette- Odelli" de escuchar la misma canción y la misma cantaleta de elogios vanos y discursos patéticos, para luego aplaudir porque le toca, sin embargo, ese día después de ver "Amadeus" y "La última cena", entendió mejor que nunca lo de "la cabeza de la mentira y el cuerpo de la verdad" se dio cuenta que la Posibilidad de escapar y renacer estaba allá en aquel lugar remoto que la memoria le trajo en las imágenes de una vieja foto de cumpleaños cerca de una vieja taberna.

¿Qué podía hacer una mujer tan sola, tan loca y tan casada, en una ciudad de bufones e hipócritas renombrados?. En una ciudad tan distante del sol y la nieve, escondrijo oscuro de ambiciones más allá del pecado de la gula.

Pretender no ver en una mesa compartida, era como besarles los pies en un acto de "humildad" y esconder la furia, el gesto de hetaira turbulenta. Era como seguir y complacer al "Rey desnudo" y aplaudir galas que no existen.

"Ojos vemos corazones no sabemos". ¿Debía converstirse en una pieza más del juego?. Ya una vez había sido testigo silenciosa de una sombra que lanzaba su peluca y cortaba las cabezas en nombre de Dios, mientras con voz camuflajeada gritaba: "insolente ocupa tu lugar".

Seguir el juego era mutilar sus ansias, distraerse de lo por vivir y vegetar entonces en la imnominia y el olvido. ¿Cuántos avatares olvidados?. Heterónimos- walquirias, "el peor ciego," hambre y rabia, presunción fatal. El miedo que te atrapa y te persigue. Los intereses de hoy y los juicios del mañana, pensaba. ¿Bailar como tantos esperando la carroza? o ¿volar con alas propias?. No había más tiempo, debía discernir, quería gozar y presumir de aquella facultad de distinguir. Rehacer su destino y descubrir el rostro, no había alternativa.

¿Cuántos demonios la rondaban?... ¿cuántas penas podía albergar una mujer tan terriblemente delgada? lucía tan frágil con su vestido de tirantes verdes, que hasta los pequeños sinsontes semejaban a feroces aves de rapiña.

Su pasado, su presente y su futuro unidos al final del camino. El árbol de Laurel era el guardian de su angustiada alma, Cosntanza se sentaba bajo su sombra y comenzaba a cantar y cantar, evocando a sus viejos fantasmas, a sus espíritus bienaventurados que venían de golpe abrazando la frescura de aquel pasto, y desnudando de penas a su fiel amiga.

Infelices ellos los que olvidan que hay ejercitos del bien, libelulas, "Dragon Flyes" y un sinfín de Serafines guerreros.


Regresar a su Old Town de 21 "bloques" y reunirse en Xiomara's Restaurant, ir a su lado francés o al "Oyé" cubano, que ya no está, tan cercano al City Hall. Viajar al sur, desde Colorado Blvd y a pocas cuadras encontrar la restaurada "Fuente de Sodas" en la esquina de Fair Oaks Ave y la Mission Street. Pensar en una ciudad tan moderna, con misiones y casas de horror para el Halloween cinematográfico. Conectarse con "CP Shade" ¿de blanco eterno? y sus mantas de la India, mirar la vidriera de "French Coneccion" sin X y sin cine. Ir al río o la montaña, a la nieve, al sol y la frescura, disfrutar de un café urbano en los bajos de un teatro donde venden socorridas rosas blancas y preciosos Alcatraces sin pensar en el invierno.



Mi ciudad con botánicas de viejitas yucatecas y tiendas de tatatuajes, y orquesta los domingos en medio de un americano shoping center, que albergaba a un restaurant italiano y una papelería a la antigua, como en la Europa soñada, de moleskines y papel alba. Una ciudad de artistas callejeros, teatros, cines, modas, librerias, Cheese Cake Factory, Urban Outfitters, galerías y muy cerca en "San Marino", " ciudad de dinero viejo" un Jardín Japonés y una bella Alameda Street en su frontera.

Vivir en la diversidad, con espacio, era su ideal, escuchar a Mozart y ver aquella maravillosa película y la otra y otra más. Sentarse de nuevo a conversar con su vecina libanesa una peculiar mujer de pueblo que le enseño que reirse de ella misma era sabio y saludable.

"Nadie sabe lo que tiene hasta que no lo pierde" pensaba Constanza, mientras viajaba por la nubes "A walk in the clouds". Vivencias propias y prestadas que a flor de piel, "In the cut" eran "La flor de su secreto" .