"El temple hace tu destino, nada más." Maya Plisetskaya

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Saturday, April 9, 2011

Del agua mansa al agua turbia.




Ha muerto Sidney Lumet uno de los grandes, aunque haya quien diga que no está entre ellos.

Siempre pienso que aseverar sin juicio claro, no teniendo en cuenta todas las partes, no es exactamente el camino que en muchos casos se debe aplaudir, pero en este caso sin lugar a dudas me atrevo, pues no es porque uno lo diga, sino porque se lo gano y esa es una evidencia contundente.

La última película que vi del extraordinario cineasta, comienza mansa, se torna soberbia, inquietante , la fuerza de su historia es realmente cruda y agobiante. Personajes terribles, lastimosos revueltos y patéticos, pobres almas que el demonio parece manejar a un abismo de crueldad y que arrastran al espectador hacia un mar de contradicciones.

El destino, si le llamamos así al efecto que tienen nuestras acciones, destruye la vida de una familia que no provenía precisamente de los "Campos Elísios" arrojados de toda calma y perseguidos por vicios e incapacidades, uno tras otro sucumbe ante un plan que por "ingenuo" parece desatado por las más poderosas y solapadas fuerzas del mal. Con máscaras, con la fuerza mal oliente de lo inmundo, como una suerte de heterónimo violento que se apropia del olvido y que trata de burlar al que ha sido agredido. Con hambre, con ira, destrucción moral, mentira y muerte, los personajes van morando con la furias, descendiendo a lo más profundo de los recintos del infierno en una "tarde de perros", dejando rastros y huellas indelebles ante cualquier ojo atento. La apoteósis del crimen se desborda "con la luz al final del tunel" que es luz y es sombra, que es alma en pena poseyendo sin recelo al destruido patriarca que acaba de consumar el más terrible de los crímenes.

Ver actuaciones a este nivel es un portento, es presenciar una verdadera clase magistral, donde la mano del veterano director irrumpió con fuerza en la grandeza de su talento.

Antes que el diablo sepa que has muerto es un film exigente e irrepetible, es parte del poderoso legado de un maestro del séptimo arte que sabía mirar hondo, que sabía poner el dedo en la yaga y que acaba de partir sin veredicto.